Perdidos en el Desierto
Una bondadosa anciana se encuentra en sus quehaceres diarios cuando tres extraños llegan a su pequeña casa ubicada en un pequeño oasis en medio del desierto. Los extraños están cansados y sedientos por el viaje. Se dirijen a pie hacia la Casa de Dios, la Kaaba, en la Meca. Uno de los viajeros posee un perfume que despierta recuerdos de la infancia de la anciana. Su bello rostro y sus profundos ojos negros también le resultan extrañamente conocidos. La luz que emana y su temor a Dios (delatado por su temblor al realizar la ablución) muestran que es un hombre de profunda fe y bondad. Aun sin saber de quienes se trata la anciana decide entregarles su única oveja como comida y darles de beber toda la leche que poseía sin pensar en las consecuencias de tal acto. Semejante acto le traerá mayores recompensas de las que nunca podría imaginar.